[doc sps="1.7" acron="eys"
jtitle="Economía y Sociedad" stitle="Economía y Sociedad"
issn="2215-3403" pissn="1409-1070"
eissn="2215-3403" pubname="Universidad Nacional, Costa Rica"
license="http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0"
volid="22" issueno="52" dateiso="20171200"
season="July/Dec" order="03" fpage="48"
lpage="67" pagcount="20" doctopic="oa"
language="es"]
Doi: http://dx.doi.org/[doi]10.15359/eys.22-52.3[/doi]
[toctitle]Artículo[/toctitle]
[doctitle language="es"]UNA APROXIMACIÓN AL ESTUDIO DE LOS
CONSUMOS FINANCIARIZADOS DE LOS SECTORES POPULARES DE BUENOS AIRES, ARGENTINA[xref
ref-type="fn" rid="fn3"][3][/xref][/doctitle]
[doctitle language="en"]AN APPROACH TO THE STUDY OF FINANCIAL CONSUMPTION IN THE LOW-INCOME
SECTORS OF BUENOS AIRES, ARGENTINA[/doctitle]
[author
role="nd" corresp="n" deceased="n"
eqcontr="nd"][fname]Renato Mauricio[/fname] [surname]Fumero[/surname][xref
ref-type="aff" rid="aff1"]1[/xref]
[fname]Iara Nadina[/fname] [surname]Hadad[/surname][xref
ref-type="aff" rid="aff2"]2[/xref][/author]
[normaff id="aff1"
ncountry="Argentina" norgname="Universidad Nacional de Gral. San
Martín" icountry="AR"][label][sup]1[/sup][/label] [role]Sociólogo, Investigador[/role], [orgdiv2]Consejo Nacional
de Investigaciones Científicas y
Técnicas (CONICET)[/orgdiv2]/ [orgdiv1]Instituto
de Altos Estudios Sociales (IDAES)[/orgdiv1], [orgname]Universidad
Nacional de San Martín (UNSAM)[/orgname], [state]Buenos
Aires[/state], [country]Argentina[/country]. Correo electrónico: [email]rmfenidaes@gmail.com[/email][/normaff]
[normaff id="aff2"
ncountry="Argentina" norgname="Universidad Nacional de Gral. San
Martín" icountry="AR"][label][sup]2[/sup][/label] [role]Socióloga, Investigadora, [/role][orgdiv2]Instituto de Altos
Estudios Sociales (IDAES), [/orgdiv2][orgdiv1]Universidad
Nacional de San Martín (UNSAM), [/orgdiv1][state]Buenos Aires [/state][country]Argentina[/country]. Correo electrónico: [email]hadadiara@gmail.com[/email][/normaff]
[xmlabstr language="es"][sectitle]Resumen[/sectitle]
[p]En el
presente artículo proponemos un abordaje sobre los consumos financiarizados de
los sectores populares en Argentina. Como han destacado múltiples trabajos
realizados en diferentes países latinoamericanos, el estudio de este fenómeno,
reciente y muy extendido, exige poner en suspenso algunos de los lugares
comunes que han fundamentado la caracterización de la vida económica de los
sectores populares. Proponemos aquí algunas direcciones teóricas para repensar
estos consumos y presentamos el análisis de los resultados de una investigación,
aún en curso, sobre consumo y endeudamiento en sectores populares del área
metropolitana de Buenos Aires.[/p][/xmlabstr]
[kwdgrp
language="es"][sectitle]Palabras claves:[/sectitle] [kwd]consumo[/kwd]; [kwd]finanzas[/kwd];
[kwd]sectores populares[/kwd]; [kwd]economía
popular.[/kwd][/kwdgrp]
[xmlabstr
language="en"][sectitle]Abstract[/sectitle]
[p]An approach is proposed on the study of financial consumption in the low-income
sectors of Argentina. As mentioned in multiple research studies conducted in
different Latin American countries, the study of this recent and widespread
phenomenon demands to highlight some of the common places that have caused the
characterization of the economic life of the popular sectors. We propose some
theoretical guidelines to reconsider such consumption and analyze the results
of our still ongoing investigation regarding consumption and indebtedness in
the lower sectors of the metropolitan area of Buenos Aires.[/p][/xmlabstr]
[kwdgrp language="en"][sectitle]Keywords:[/sectitle] [kwd]consumption[/kwd]; [kwd]finance[/kwd]; [kwd]popular sectors[/kwd]; [kwd]popular economy[/kwd][/kwdgrp].
[hist]Fecha de recepción: [received
dateiso="20170216"]16-02-2017[/received].
Aceptado el [accepted
dateiso="20170905"]05-09-2017[/accepted].[/hist]
Fechas de
reenvíos: 24-03-2017, 29-05-2017, 14-07-2017, 18-07-2017, 21-08-2017, 01-09-2017.
Publicado el
11-09-2017.
[xmlbody][subsec][sectitle]Introducción[/sectitle]
[p]Si bien
el concepto de “financiarización” se presenta amplio e impreciso, su eventual
falta de rigurosidad permite englobar abordajes y análisis que privilegian diversos
aspectos, dimensiones, escalas y metodologías. A propósito de esto, Van der
Zwan ([xref ref-type="bibr" rid="r31"]2014[/xref]) ha
elaborado un estado del arte sobre la noción de financiarización (financialization) en la que destaca tres
enfoques. Uno de ellos consiste en entender la financiarización como régimen de
acumulación; el otro refiere a los cambios en las organizaciones y en la
gestión corporativa moderna y, por último, un tercer acercamiento se centra en
las experiencias de las finanzas al nivel de las prácticas de los sujetos. En
líneas generales, podríamos decir que interrogar el concepto de
financiarización apunta a elaborar nuevas categorías y herramientas
conceptuales que ayuden a entender las transformaciones del capitalismo
contemporáneo. En particular, Epstein ([xref ref-type="bibr"
rid="r10"]2005[/xref])
propone entender por financiarización las transformaciones del capitalismo
mundial en términos de globalización financiera y, con ello, la expansión e
intromisión de las finanzas en todos los ámbitos de la vida social.[/p]
[p]En este
trabajo nos proponemos analizar las modalidades específicas que adquiere la
financiarización de los consumos de los sectores populares en la Argentina actual.
Los procesos de creciente financiarización a través de los cuales se genera una
parte significativa de las prácticas económicas cotidianas de las personas
constituyen una dimensión compleja y central a la hora de comprender las
actuales formas de consumo de los distintos sectores sociales; entre ellos, las
clases populares. Tanto a nivel local como regional, diversos estudios han
señalado la importancia de analizar las redes monetarias que tejen las
economías y los presupuestos domésticos de los grupos sociales de menores
recursos ([xref ref-type="bibr" rid="r30"]Roig, 2015[/xref]; [xref
ref-type="bibr" rid="r12"]Figueiro, 2013[/xref]; [xref
ref-type="bibr" rid="r34"]Wilkis, 2013[/xref], [xref
ref-type="bibr" rid="r35"]2014[/xref]; [xref
ref-type="bibr" rid="r18"]Hornes, 2014[/xref]; [xref
ref-type="bibr" rid="r24"]Müller, 2009[/xref]; [xref
ref-type="bibr" rid="r32"]Villarreal, 2004[/xref]; [xref
ref-type="bibr" rid="r26"]Ossandón, 2011[/xref]; [xref
ref-type="bibr" rid="r27"]Ossandón, Ariztía,
Barros y Peralta, 2012[/xref]; entre
otros). Estos trabajos han buscado dar cuenta del grado de monetización en el
que se inscriben las prácticas y relaciones sociales del universo popular,
muchas veces invisibilizado por abordajes centrados en la economía de la
pobreza, la subsistencia, la exclusión y la informalidad.[/p]
[p]Nuestra
reflexión se inscribe en los últimos años, correspondientes al amplio período
de gobiernos kirchneristas (2003-2015), en los que el consumo interno y masivo fue
considerado pilar del crecimiento económico. Los datos del Banco Central de la
República Argentina (BCRA) señalan que durante estos años el grueso del stock
total de crédito otorgado a empleados en relación de dependencia se ha
compuesto de préstamos personales y con tarjeta de crédito, quedando en segundo
lugar los prendarios y representando los créditos hipotecarios apenas un 10% ([xref
ref-type="bibr" rid="r4"]Bercovich, 2016[/xref])[xref
ref-type="fn" rid="fn4"][4][/xref]. Esta
recomposición del mercado de crédito implicó una diversificación y segmentación
de la oferta crediticia que de la mano de determinadas políticas públicas
propulsó el consumo y endeudamiento de los sectores de menores ingresos,
tradicionalmente no bancarizados pero sí alcanzados por estructuras financieras
no reguladas por la autoridad monetaria[xref
ref-type="fn" rid="fn5"][5][/xref].
Marcando un paralelismo con lo que sucedía en los sectores medios, para el año
2009, una encuesta del BCRA constataba que dentro del “top five” de productos
ofrecidos a los sectores bajos por las entidades financieras no reguladas[xref
ref-type="fn" rid="fn6"][6][/xref] se
encontraban los siguientes: préstamos personales (57%), préstamos de bajo monto
(54%), tarjeta de crédito (28%), microcréditos (17%), caja de ahorro (10%).[/p]
[p]En el
marco de esta coyuntura, cabe preguntarse: ¿en qué condiciones se realiza ese
consumo?, ¿a través de qué medios?, ¿a qué costos? En términos analíticos, el
consumo deviene una puerta de entrada para reconstruir las especificidades de
las economías populares en sus vinculaciones con las características que
presentan los sectores más dinámicos de la economía capitalista. La
financiarización -entendida como el uso de tarjetas de compra, tarjetas de
crédito y créditos personales- es un indicador del modo en que lo financiero se conecta con lo popular[xref
ref-type="fn" rid="fn7"][7][/xref]. A la
vez, no es posible comprender o dimensionar las implicancias sociales y
políticas de la ampliación del consumo sin posar la mirada sobre las
particularidades que asumen las economías populares e informales.
Investigaciones regionales como la de Cielo y Antequera ([xref ref-type="bibr" rid="r6"]2012[/xref]), en
Bolivia, o las de Giraldo ([xref ref-type="bibr"
rid="r16"]2013[/xref]), en
Colombia, advierten sobre las múltiples relaciones no lineales que vinculan la
materialidad de los espacios de la economía popular con la totalidad social y
la economía general. [/p]
[p]En
efecto, la economía popular como fenómeno social engloba un sinfín de prácticas
y lógicas que no se desarrollan por fuera del “mercado” o en contra del
capitalismo, sino en sus pliegues e intersticios ([xref
ref-type="bibr" rid="r13"]Figueiro, 2016[/xref]).
Numerosas investigaciones han evidenciado las múltiples conexiones entre la
formalidad e informalidad, la legalidad e ilegalidad, lo local e internacional,
lo mercantil y lo personal, que atraviesan las formas laborales, las economías
domésticas y las prácticas de consumo y gasto que se configuran en el universo
popular ([xref ref-type="bibr" rid="r36"]Wilkis
y Roig, 2015[/xref]; [xref
ref-type="bibr" rid="r25"]Müller, 2014[/xref]; [xref
ref-type="bibr" rid="r14"]Gago, 2012[/xref], [xref
ref-type="bibr" rid="r15"]2013[/xref]; entre
otros).[/p]
[p]En la primera
sección de este trabajo presentamos algunas de las ideas principales que
orientan teóricamente nuestra investigación. Sostenemos que el análisis de las
prácticas de consumo financiarizado ofrece un vía de acceso fundamental para
pensar la economía popular desde un punto de vista renovado. En la segunda
sección presentamos el análisis de los resultados parciales de la investigación
empírica[8] de
la que estamos participando. La primera que, con un enfoque cuantitativo,
interpela los consumos financiarizados de los sectores populares en la
Argentina, desde una perspectiva atenta a los desarrollos recientes de la
sociología económica en la región. Acompañamos el análisis de estos datos con
algunas hipótesis que pretenden proyectar una posible agenda de investigación
futura.[/p]
[/subsec][subsec][sectitle]Sección primera: algunas ideas en torno a
los consumos financiarizados de los sectores populares[/sectitle]
[subsec][sectitle]Sobre la economía popular[/sectitle]
[p]La
definición de la economía popular
dependió durante mucho tiempo, fundamentalmente, del modo en que fue pensada su
integración (funcional o no funcional) al régimen de acumulación capitalista ([xref
ref-type="bibr" rid="r5"]Chena, 2017[/xref]). La
reflexión en torno a la pobreza, primero, y en torno a la exclusión social ([xref
ref-type="bibr" rid="r19"]Kessler, 2014[/xref]),
luego, sirvió como criterio de demarcación para definir las prácticas y los
actores que formaban parte de aquella región de la economía que se caracterizó
como “informal”.[/p]
[p]El
desarrollo de la categoría “informalidad” ha permitido, en diferentes momentos
históricos, caracterizar a la economía popular, por oposición a la “economía
formal”, a partir de fenómenos tales como los bajos ingresos, la precariedad
laboral, la escasa productividad y la falta de innovación. Este tipo de
perspectiva condujo mayormente a postergar el análisis detallado de algunas de
las prácticas e instituciones económicas de los sectores populares. El estudio
de los consumos y de la vida financiera de estos sectores, por caso, ha
merecido mucha menor atención que el estudio de sus ingresos y su actividad
laboral.[/p]
[p]La
perspectiva teórica que fundamenta nuestra indagación sobre los consumos financiarizados
de los sectores populares fija un punto de partida alternativo para pensar la
economía popular, que no se apoya en la oposición dicotómica entre economía
formal e informal. Proponemos pensar la economía popular en la intersección de
dos órdenes de interrogación complementarios. En este sentido, la economía
popular se considera:[/p]
I)
[list
listtype="roman-upper"][li]Como una posición
objetivada dentro de la estructura social a partir del sistema de precios ([xref
ref-type="bibr" rid="r29"]Roig, 2017[/xref]).[/li]
II)
[li]Como una serie de
prácticas sociales que producen formas específicas, institucionales y
subjetivas de participar en la trama social de intercambios económicos. [/li][/list]
[p]La
apuesta teórica que se plantea desde esta línea de trabajo es descubrir a
través del estudio de las prácticas e instituciones específicas, las tramas
fiscales, financieras, laborales y de consumo que condicionan el
posicionamiento estructural (Ibíd.) y la construcción subjetiva de los
colectivos estudiados al interior de sociedades marcadamente desiguales. Los
ingresos percibidos y la inclusión fiscal[xref
ref-type="fn" rid="fn9"][9][/xref] no
deben ser analizados al margen de los costos financieros, las modalidades de
consumo y los precios relativos que afrontan los sectores populares. [/p]
[/subsec][subsec][sectitle]Sobre los consumos financiarizados como
clave interpretativa[/sectitle]
[p]En
particular, sostenemos que el estudio de los consumos y de la vida financiera
contribuye fundamentalmente a la comprensión actual de los sectores populares.
El consumo puede transformarse en una puerta de entrada para reconstruir las
especificidades de la economía popular, estudiar las relaciones que mantiene
con los otros sectores de la economía y descubrir la fisonomía local del
capitalismo contemporáneo. Al mismo tiempo, los consumos permiten vislumbrar la
trama financiera de la que participan los sectores populares. Consideramos que
es necesario preguntarse, entonces, en qué condiciones (qué, dónde y cuándo), a
través de qué medios y a qué costos consumen estos sectores.[/p]
[p]Si bien
la preocupación por el consumo ha estado muy presente en los debates sobre la
situación económica argentina reciente, en términos de problemática social muchas
veces quedó subordinado a la interrogación sobre el “poder de compra” del
ingreso, que aparece como la dimensión más confiable para evaluar el bienestar
social. Desde este punto de vista, la atención sobre los sectores populares
queda fuertemente determinada a partir de la presunción de que ellos
comprometen, en mayor medida y de modo más urgente, sus consumos a la
satisfacción de sus necesidades básicas. Es decir, un agente que, en principio,
no gestiona excedentes ni participa de circuitos financieros que no estén
ligados a la subsistencia. Al fin y al cabo, ¿quién le prestaría dinero a quien
no tiene capacidad de ahorro? y ¿cómo sería capaz de prestar dinero este a
otros si todo su dinero está comprometido en las consumos básicos?[/p]
[p]Estos presupuestos,
formulados originalmente como principios explicativos, tienden habitualmente a
convertirse, a partir de una serie de deslizamientos, en los puntos de apoyo
valorativos de una consideración moral sobre los usos que los sectores
populares hacen del dinero. Específicamente, fundamentan juicios normativos que
cuestionan las decisiones de consumo que estos adoptan. Los gastos que los
sectores populares orientan al consumo de bienes no básicos son juzgados como
“irracionales” (Figueiro, [xref ref-type="bibr"
rid="r12"]2013[/xref]) o
moralmente “reprobables” (Wilkis, [xref ref-type="bibr"
rid="r34"]2013[/xref]).[/p]
[p]En
términos teóricos, no advertir la necesidad de pensar la gestión y destrucción
de excedentes (Bataille, [xref ref-type="bibr" rid="r3"]2008[/xref]) como una dimensión central -y lógicamente
autónoma- para pensar el consumo, limita la posibilidad de comprender la vida
económica de los sectores populares. El consumo es una práctica social compleja
que tiene una dinámica autónoma. De hecho, el consumo avanza sobre las
fronteras de los ingresos y se proyecta en formas de endeudamiento que
responden a racionalidades refractarias a la “formalización económica” (Polanyi,
[xref
ref-type="bibr" rid="r28"]1976[/xref]).
Surge, entonces, la necesidad de dislocar los marcos preconcebidos que
pretenden regir teórica y moralmente las articulaciones entre consumo, ingreso,
ahorro y deuda, y avanzar en enlaces empíricamente fundamentados entre estas
nociones; algo no solo demandado para el caso de los sectores populares,
claramente.[/p]
[p]La
financiarización de los consumos populares puede ser rastreada en una serie de
prácticas que muestran como “lo popular” participa de las tramas financieras:
uso de tarjetas de compra, tarjetas de crédito y créditos personales, además de
acceso a préstamos de dinero y de tarjetas entre familiares y amigos. Ahondar
en ello resulta necesario para comprender el sentido que hoy tiene hablar de
“economía popular”, debido, al menos, a dos motivos: por un lado, porque los
vínculos financieros muestran formas particulares en que se configura la
existencia económica de los sectores populares; por otro lado, porque estos
vínculos financieros también expresan rasgos del funcionamiento sistémico de
las finanzas en el conjunto de la economía. Estudiar el modo en que se realizan
los consumos en la economía popular permite, en suma, dar cuenta de las formas
de dominación que trama el sector financiero y de las estrategias sociales
frente a estas (De Certeau, [xref ref-type="bibr" rid="r7"]1996[/xref]), así
como también, finalmente, permite caracterizar la posición estructural que
ocupan los sectores populares. Las condiciones asimétricas, a través de las
cuales los sectores populares acceden a las mediaciones financieras y a los
intercambios comerciales, convergen para determinar estructuralmente la
singularidad de la economía popular frente a otros sectores de la sociedad (por
ejemplo, las clases medias).[/p]
[/subsec][/subsec][subsec][sectitle]Sección segunda: la investigación y sus
resultados[/sectitle]
[subsec][sectitle]Análisis de los datos preliminares[/sectitle]
[p]Hace
apenas 25 años, cuando Deleuze ([xref ref-type="bibr" rid="r8"]1995[/xref]) proclamaba
al “hombre endeudado” como figura subjetiva de las sociedades contemporáneas, aun
pensaba que tres cuartas partes de la humanidad seguirían siendo “…demasiado pobres
para endeudarlas…” (p. 283). Recientemente, siguiendo la misma estela de
pensamiento, Lazzarato ([xref ref-type="bibr"
rid="r22"]2013[/xref])
consideró la relación deudor-acreedor como la forma contemporánea de la lucha
de clases. Podríamos imaginar que entre estas dos referencias media un salto
epocal: el desarrollo del capitalismo financiero como régimen global de
acumulación.[/p]
[p]Como exponen
diversos trabajos[xref ref-type="fn" rid="fn10"][10][/xref], este
proceso se ha manifestado como un ciclo de transformaciones a escala
latinoamericana. El proceso de masificación del consumo a crédito ha implicado
tanto la extensión y fortalecimiento de prácticas y saberes institucionales
preexistentes como el desarrollo de instituciones nuevas. Por instituciones no
nos referimos exclusivamente a las instancias legalmente reconocidas como tales
(tarjetas de crédito, créditos al consumo, etc.), sino también a aquellas no
formalizadas que operan simultáneamente -de manera integrada o paralela- al
sistema legalmente sancionado (por ejemplo, los préstamos monetarios entre
familiares y amigos, las estrategias familiares para acceder al sistema de
crédito, etc.). Es en relación con esta estructura de financiamiento que las
prácticas concretas de consumo financiarizado de los sectores populares en la
región adquieren su significado específico.[/p]
[p]Los
datos que presentamos a continuación surgen de la encuesta desarrollada dentro
del proyecto “Hacia una economía de los sectores populares: Desafíos conceptuales
y políticos” por el Centro de Investigaciones Socio-económicas de Buenos Aires
(CISBA), y que hemos aplicado entre noviembre de 2013 y finales de 2014 en
diferentes partidos de la provincia de Buenos Aires[xref
ref-type="fn" rid="fn11"][11][/xref]. Este
proyecto participa de una agenda teórica común con los estudios regionales
anteriormente mencionados. En particular, comparte con trabajos etnográficos,
como los de Wilkis ([xref
ref-type="bibr" rid="r34"]2013[/xref], [xref
ref-type="bibr" rid="r35"]2014[/xref]) y Figueiro
([xref
ref-type="bibr" rid="r11"]2010[/xref], [xref
ref-type="bibr" rid="r12"]2013[/xref]), una
serie de interrogantes y diagnósticos sobre la vida económica de los sectores
populares pero, a diferencia de ellos, avanza en la construcción de una
ambiciosa investigación cuantitativa.[/p]
[p]La
encuesta buscó relevar los consumos financiarizados de los sujetos interrogados,
quienes, por sus características sociodemográficas, permiten inducir resultados
más generales sobre la economía popular. Se buscó conocer el tipo de artículo,
la forma de pago y las prácticas e instituciones financieras involucradas en
estas transacciones. También se indagó sobre el nivel y tipo[xref
ref-type="fn" rid="fn12"][12][/xref] de
ingresos que percibe esta población para poder ofrecer una caracterización más
precisa de ella y del impacto que sobre su economía tiene el acceso a créditos
o préstamos para el consumo.[/p]
[p]Dividimos
en dos secciones el análisis de los datos producidos. En la primera presentamos
los datos referidos a los bienes y a la modalidad de pago; en la segunda
avanzamos en la caracterización de las formas de financiación específicas.[/p]
[/subsec][subsec][sectitle]Datos
referidos a los bienes y a la modalidad de pago[/sectitle]
[p]Los datos
producidos corresponden a 282 consumos de bienes y servicios no básicos. En
términos sociodemográficos, la población encuestada se compone -en mayor medida-
de trabajadores cooperativistas que integran el programa Argentina Trabaja[xref
ref-type="fn" rid="fn13"][13][/xref]. [/p]
[p]Como muestra la [xref
ref-type="table" rid="t1"]Tabla 1[/xref], las
compras de electrodomésticos, ropa, celulares y muebles representan el 77% de
los consumos recogidos. Solo los electrodomésticos representan el 41%, y la
ropa el 18% del total. Tomando este grupo de bienes es interesante observar que
no todos ellos son adquiridos en la misma medida recurriendo a planes de
cuotas. Así, se observa que mientras que el 76,5% de las compras de
electrodomésticos se hicieron en cuotas, en el caso de la ropa estas se
emplearon en el 54% de los casos; y en cuanto a los celulares y los muebles,
estos alcanzaron, respectivamente, al 57% y al 68% de los casos. [/p]
[tabwrap
id="t1"][label]Tabla 1[/label]. [caption]Adquisición de bienes y servicios no básicos y, relativos a cada uno,
pago en cuotas[/caption]
[graphic
href="?a03v22n52"]
[fntable
id="TFN1"]Fuente: elaboración propia con base en
la encuesta aplicada, Cisba. 2013-2014. [/fntable][/tabwrap]
[p]En términos de
evaluar la extensión de los consumos financiarizados, estos datos y los
restantes exhibidos muestran una participación elevada de la población
analizada en estructuras de financiamiento. Con excepción de las categorías
“Fiestas (15 y matrimonio)” y “Materiales de construcción”, donde los valores
son inferiores, y de “Entierros”, donde no se registraron pagos en cuotas, para
el resto de las categorías los consumos realizados en cuotas son en todos los
casos superiores a la mitad del total relativo. Estos datos permiten afirmar
una proposición que podría resultar contraintuitiva. Muestran que en dos de los
ámbitos que requieren mayores erogaciones -como son las fiestas y los entierros-
los pagos en cuotas son ostensiblemente menos frecuentes (13% y 0%,
respectivamente) que en consumos menos onerosos (por ejemplo, ropa). Las cuotas
no aparecen como el destino necesario de los consumos más costosos, sino como
un sistema del que participa cierto tipo de comercios que no necesariamente es
el mismo en todos los sectores sociales. Del total de los consumos relevados,
el 71% ha sido realizado a crédito, mientras que el 28% al contado.
Distribución que, como vemos, no depende necesariamente del valor de los bienes
en cuestión.[/p]
[p]La canasta de
consumos de los sectores populares exhibe una heterogeneidad de costos radical
cuando se la contrasta con la de otros sectores sociales. Los bienes
comercializados en La Salada (o en otras saladitas) (Gago, [xref ref-type="bibr"
rid="r14"]2012[/xref]) o en
productos alimenticios circulan dentro de la economía popular a precios más
accesibles (Roig, [xref
ref-type="bibr" rid="r29"]2017[/xref]). Los
nuevos consumos de electrodomésticos, sin embargo, en relación con los
presupuestos mensuales y a la inestabilidad laboral, presentan un diferencial
de costos altísimo (Ibíd.). En relación con este punto, nuestra intención es
mostrar que la presencia desigual de las formas de financiamiento en las
diferentes áreas de consumo de la economía popular no responde inmediatamente a
los precios de los bienes en cuestión. Tomando este dato en forma aislada,
sería posible afirmar que, para el caso de los sectores populares, los
servicios (funerarios, fiestas, etc.) parecieran aún menos integrados a redes
de financiamiento respecto de la oferta de bienes, especialmente tecnológicos. [/p]
[p]Resulta necesario
avanzar en el estudio del funcionamiento de las diferentes áreas de consumo de
los sectores populares para entenderlas en su especificidad. Observamos, por
ejemplo, que en momentos de recorte de los ingresos[xref
ref-type="fn" rid="fn14"][14][/xref]
algunos encuestados comenzaban a endeudarse para comprar alimentos, lo que
invita a incorporar fluctuaciones temporales. Observamos, asimismo, que algunos
de los bienes adquiridos no se ofrecerían para el pago al contado, sino solo en
cuotas, lo que exige relativizar la consideración sobre las formas de pago[xref
ref-type="fn" rid="fn15"][15][/xref].[/p]
[/subsec][subsec][sectitle]Caracterización
de las formas de financiación específicas[/sectitle]
[p]Los datos
recogidos hasta el momento sobre consumo nos permiten evaluar la incidencia y
las modalidades que adopta la financiarización para el caso de los consumos de
los sectores populares. Por ejemplo, de la extensión de las redes de asistencia
financiera entre familiares, amigos y vecinos nos habla el hecho de que casi un
tercio de los encuestados (31%) dijo prestar regularmente dinero a amigos o
familiares. Este dato, que podría merecer diferentes ponderaciones, se torna
particularmente elocuente cuando se lo contrasta con el modo en que el
pensamiento económico obtura la posibilidad de gestión de excedentes para estos
sectores. Entre quienes prestan dinero, el 51% dice prestar hasta $200, el 32%
presta entre $201 y $400 y el 17% restante presta más de $400. La presencia de
excedentes dentro del grupo analizado nos invita a especular a propósito de
categorías y lógicas que instan a desacoplar aquello que el pensamiento
económico ha enlazado, y a pensar que la lógica que gobierna el ahorro y la
lógica que gobierna el consumo no son equivalentes ni complementarias, en la
medida en que no están determinadas de igual forma por el ingreso. [/p]
[p]Por otra parte, es
posible perfilar algunas características estandarizadas de las formas de financiamiento
a la que tiene acceso la población encuestada en sus consumos:[/p]
[p]En el 97% de los
consumos las cuotas son mensuales. En este sentido, es relevante recordar que
la población analizada recibe la mayor parte de sus ingresos (59% no tiene otro
trabajo) también en forma mensual (tanto el programa Argentina Trabaja como la
Asignación Universal por Hijo se abonan mensualmente).[/p]
[tabwrap id="t2"][label]Tabla 2. [/label][caption]Modalidad temporal de los planes de cuotas de los
bienes y servicios no básicos adquiridos[/caption]
[graphic
href="?a03v22n52"]
[fntable id="TFN2"]Fuente:
elaboración propia con base en la encuesta aplicada, Cisba. 2013-2014.[/fntable][/tabwrap]
[p]En cuanto a la
duración de los planes de cuotas, como muestra la [xref
ref-type="table" rid="t2"]Tabla 2[/xref],
encontramos que el 29% de los consumos analizados se realizaron en planes de 4
a 6 cuotas y el 37% en planes de 12 cuotas, lo cual emparenta estos sistemas
con la estructura de financiamiento más extendida en el resto de la sociedad
argentina, donde los plazos estándares son los de 3, 6 y 12 cuotas mensuales.
No hemos podido discriminar de qué modo y en qué medida la oferta de este tipo
de planes de cuotas se vincula con los planes de financiamiento del consumo
promovidos por el gobierno nacional para estimular de demanda interna.[/p]
[tabwrap
id="t3"][label]Tabla
3[/label]. [caption]Monto de las cuotas de los bienes y servicios no básicos adquiridos en
cuotas[/caption]
[graphic
href="?a03v22n52"]
[fntable id="TFN3"]Fuente: elaboración propia con base en la encuesta aplicada, Cisba, 2013-2014. [/fntable][/tabwrap]
[p]Por otro lado,
cuando observamos los montos de las cuotas pagadas también se advierten ciertas
regularidades. En el 78% de los consumos analizados los encuestados pagan
cuotas de entre $101 y $500, como se aprecia en la [xref
ref-type="table" rid="t3"]Tabla 3[/xref]. El
43% pagó cuotas de entre $101 y $300 y el 35% de entre $301 y $500. Solamente el
17% pagó cuotas de más de $501 y tan solo el 6% pagó cuotas de menos de $100.
El monto de estas cuotas, por sí mismo, da una idea del universo de bienes a
los que la población que estamos estudiando tiene acceso. [/p]
[p]Considérese que en
2014 los ingresos percibidos por los beneficiarios del programa Argentina
Trabaja; es decir, la población estudiada, eran de $2.000; en 2015, pasaron a
ser de $2.600 y, recientemente, en 2016 representan un monto de $3.120. Para
tener una referencia más abarcativa referida al valor de las cuotas pagadas por
estos bienes, puede considerarse que en enero del año 2014 el Salario Mínimo
Vital y Móvil[xref ref-type="fn" rid="fn16"][16][/xref] era de
$3.600, y en septiembre del mismo año alcanzó los $4.400, fecha para la cual el
dólar estaba comercializándose a $8,33 para la compra y en $8,41 para la
venta. [/p]
[p]El análisis de las
fuentes de crédito para estos consumos ofrece datos importantes para tratar de
caracterizar la estructura de financiamiento que se encuentra actualmente
operando. Del total de los consumos, como se exhibe en la [xref
ref-type="table" rid="t4"]Tabla 4[/xref], tres
de cada cuatro fueron financiados por los mismos locales de electrodomésticos y
por las tarjetas de crédito. Este dato ofrece una imagen contundente respecto
de la institucionalización de la financiarización en los sectores populares.
Por sí mismo bastaría para contestar a los imaginaros sociales que asocian la
estructura de consumos de este grupo con esquemas altamente informales,
personales o, en el peor de los casos, irracionales y anómicos.[/p]
[tabwrap id="t4"][label]Tabla 4[/label]. [caption]Persona o
entidad dueña de la deuda contraída en la adquisición del bien o servicio no básico
pagado en cuotas[/caption]
[graphic
href="?a03v22n52"]
[fntable id="TFN4"]Fuente:
elaboración propia con base en la encuesta aplicada, Cisba, 2013-2014.[/fntable][/tabwrap]
[p]Ahora bien, cabe
destacar que el 58% de los consumos analizados fue financiado directamente por
los locales de electrodomésticos donde se compraron los productos (mientras que
solo el 17% del total fue financiado por las tarjetas de crédito). Este dato
habilita una agenda de investigación para pensar la forma específica en que se
construye el sujeto endeudado popular en relación con las casas de
electrodomésticos, que no constituyen un espacio de consumo homogéneo. Como ha
advertido Wilkis ([xref
ref-type="bibr" rid="r35"]2014[/xref]), el
funcionamiento financiero de las grandes cadenas de electrodomésticos y de los
locales barriales del rubro ubicados se distingue drásticamente; mientras que
los primeros ofrecen instrumentos formales de crédito, los segundos diseñan sus
propias estrategias e instrumentos informales. Un estudio de las formas de
producción subjetiva del sujeto endeudado popular en nuestro país debería poder
explicar la articulación que durante los últimos años se ha dado en torno al
rubro electrodomésticos, entre exigencias de distinción, estructuras de
financiamiento y políticas públicas de estímulo al consumo. [/p]
[p]Aunque en términos
comparativos pueda parecer poco importante, en sí misma la presencia de las tarjetas
de crédito en los consumos de los sectores populares es también un dato
fundamental reciente, y cuya incidencia puede proyectarse que será cada vez más
importante[xref ref-type="fn" rid="fn17"][17][/xref]. El
avance de las tarjetas como instrumento financiero quizás constituya el dato
más significativo en función de argumentar la hipótesis con la que iniciamos
esta sección, respecto de considerar la financiarización de los sectores
populares como la consecuencia de una mutación estructural en el desarrollo del
capitalismo. Wilkis ([xref ref-type="bibr"
rid="r35"]2014[/xref]) ha
señalado que “(…) las tarjetas de crédito ya no portan su tradicional signo
distintivo de clase: se han vuelto plebeyas” (p. 233). Esta afirmación ha sido
corroborada por estudios realizados en otros países de la región[xref
ref-type="fn" rid="fn18"][18][/xref]. [/p]
[p]Los datos
procesados sobre el monto de la tasa de interés que paga la población analizada
ofrecen los resultados más preocupantes de nuestro estudio. Del análisis de 81
consumos registrados surge que los encuestados han debido afrontar créditos con
tasas de interés promedio del 89%; más allá incluso del 57% que había observado
Figueiro ([xref
ref-type="bibr" rid="r11"]2010[/xref]), en
un estudio sobre el financiamiento ofrecido por casas de electrodomésticos e
instituciones que ofrecen préstamos inmediatos. Se trata de una diferencia
sustancial con la que afrontan otros sectores sociales que pueden financiar sus
consumos al 0% de interés anual o con tasas que no van más allá del 20%. Una
situación especialmente gravosa en función de las formas de financiamiento a
las que acceden los sectores populares, ya que “…tienen incorporado la
obligación de pago de deudas, sin que puedan negociar o tener derechos
protegidos” (Roig, [xref
ref-type="bibr" rid="r29"]2017[/xref], p. 90).[/p]
[tabwrap id="t5"][label]Tabla
5[/label]. [caption]Uso de tarjeta de crédito en los consumos[/caption]
[graphic
href="?a03v22n52"]
[fntable id="TF5"]Fuente:
elaboración propia con base en la encuesta aplicada, Cisba, 2013-2014.[/fntable][/tabwrap]
[tabwrap id="t6"][label]Tabla
6[/label]. [caption]Titularidad de la tarjeta de crédito utilizada
en los consumos[/caption]
[graphic
href="?a03v22n52"]
[fntable id="TFN6"]Fuente:
elaboración propia con base en la encuesta aplicada, Cisba, 2013-2014.[/fntable][/tabwrap]
[p]Como se aprecia en
la [xref ref-type="table" rid="t5"]Tabla 5[/xref], de
las 183 personas consultadas solo el 25 % ha afirmado utilizar tarjeta de
crédito. De este porcentaje, como muestra la [xref
ref-type="table" rid="t6"]Tabla 6[/xref], más
de la mitad (el 53%) ha manifestado que la tarjeta pertenece a un familiar.
Estos préstamos hablan de cierta mutualización del dinero dentro del hogar
(Weber, [xref
ref-type="bibr" rid="r33"]2005[/xref]) que,
como fue evidenciado en el caso chileno (Ossandón et al., [xref ref-type="bibr"
rid="r27"]2012[/xref]),
articulan “circuitos comerciales” (Zelizer, [xref ref-type="bibr"
rid="r37"]2005[/xref]).
Apenas el 27 % de los consultados confirmó ser titular de la misma y el
restante 13 % corresponde a quienes poseen extensión de una tarjeta
perteneciente a un tercero. De igual modo, los créditos personales no siempre
se obtienen a “nombre propio”, sino que es usual gestionarlo a nombre de algún
pariente. En efecto, del total de los consumos en cuotas que hemos relevado
(178 sobre una base de 282[xref ref-type="fn"
rid="fn19"][19][/xref]),
constatamos que solo el 50% es titular formalmente del instrumento financiero.
Es decir, a través del uso de la propia tarjeta de crédito (siendo titular) o
de un crédito personal solicitado y ofrecido por el comercio.[/p]
[p]Si contemplamos
esta práctica de préstamos de tarjetas de crédito junto al dato exhibido al
inicio de esta sección referido a los préstamos de dinero entre familiares y
amigos (el 31% de los entrevistados declaró prestar dinero y el 54 % de estos
dijo prestarlo a familiares), es posible comenzar a reconstruir la escala
doméstica de las tramas de financiamiento de la economía popular, la cual
requiere aun de un estudio atento a sus dinámicas y formas de jerarquización
específica. Wilkis ([xref
ref-type="bibr" rid="r35"]2014[/xref]) remarca
que en la socialización de los instrumentos también se produce la
“socialización de las deudas” (p. 246) entre los miembros del hogar, con el fin
de sostener la reproducción material. Haciendo hincapié en la dinámica
familiar, advierte que es la familia en su conjunto la que se endeuda o, en
otras palabras, la que gestiona las deudas existentes en el presupuesto
doméstico. Pero esta consideración pareciera no atender a los modos en que al
interior de las familias se construyen roles subjetivos jerárquica y
funcionalmente diferentes. Es decir, quien puede obtener un crédito o prestar
una tarjeta de crédito ocupa una posición en la economía popular diferente de
quien requiere de la asistencia de aquel para poder acceder a los consumos. Las
estrategias financieras familiares se constituyen como corolario de las formas
de acceso al crédito. A este respecto, el acceso de las mujeres al crédito (a
través de una tarjeta o crédito personal) es un hecho que no puede separarse
del entrecruzamiento de dos fenómenos: la extensión del mercado del crédito y
la política social (Wilkis, [xref ref-type="bibr"
rid="r35"]2014[/xref]). Del
total de personas encuestadas, el 66% correspode a mujeres, de las cuales el 52%
recibe la AUH. Esta transferencia monetaria condicionada, a diferencia del
ingreso social por trabajo recibido en el marco del programa Argentina Trabaja,
ha sido señalada como sustituto válido de documentos de identificación
económica (Laferté, [xref
ref-type="bibr" rid="r21"]2014[/xref]).
Efectivamente, la Asignación Universal por Hijo (AUH) es ampliamente utilizada
como “garantía económica” para acceder a un crédito o a una tarjeta.[/p]
[/subsec][/subsec][subsec][sectitle]Conclusión[/sectitle]
[p]Este artículo ha
intentado realizar un aporte a la comprensión de la fisonomía e incidencia de
los consumos financiarizados de los sectores populares. En este sentido, los
datos analizados han buscado confirmar la apuesta formulada al inicio de este
trabajo: los consumos financiarizados ofrecen una perspectiva analítica
renovada para pensar la economía popular. Decíamos que confiábamos en que el
modo de producir esta aproximación consistía en proponer una doble inscripción,
estructural y subjetiva, de las prácticas e instituciones sociales analizadas.
Ahora bien, en líneas generales, los resultados alcanzados ofrecen una
caracterización precisa de los consumos financiarizados de los sectores
populares:[/p]
·
[list
listtype="bullet"][li]Son consumos
orientados mayormente a la adquisición de productos electrónicos y, en menor
medida, de ropa; dos áreas que el Estado nacional estimuló particularmente
durante los años estudiados, a través de planes de financiamiento que
alcanzaban las prácticas formalizadas de consumos[/li]
·
[li]Son consumos que, a
través de los sistemas de financiamiento utilizados, muestran la penetración
que tienen en la economía popular los negocios de electrodomésticos y las
tarjetas de crédito[/li]
·
[li]Son consumos que
revelan la existencia de una vida financiera de la economía popular cuya
singularidad surge del modo en que se traman en ella prácticas e instituciones
generales (tarjetas de crédito, créditos al consumo, etc.) con prácticas e
instituciones específicas (préstamos de dinero y tarjetas de crédito entre
familiares).[/li]
·
[li]Son consumos que,
de este modo, nos colocan en situación de explorar el funcionamiento de las
economías domésticas de los sectores populares y, específicamente, el modo en
que los ingresos y los consumos afectan la configuración de las familias. [/li]
·
[li]Son consumos,
finalmente, que dan cuenta de la existencia de un fenómeno social extendido y
teóricamente desafiante. Al mismo tiempo, estos consumos alertan sobre la
necesidad de políticas públicas orientadas que impidan que sus participantes se
vean afectados por situaciones abusivas (por ejemplo, en la fijación de los
precios o condiciones de financiamiento).[/li][/list]
[p]En términos
estructurales, el trabajo aporta datos precisos y circunstanciados para
profundizar el análisis de la inscripción específica de los sectores populares
en las tramas financieras y de consumo. El tipo de bienes y las modalidades de
financiamiento y, especialmente, la magnitud de las tasas de interés, recortan,
a través de los consumos, a un sujeto social particular. Complementan aquellos
datos el estudio de las prácticas que animan una vida financiera que reescribe
las condiciones formales impuestas por las tarjetas de crédito y los negocios
que ofrecen compras en cuotas. Hemos tratado de orientar la indagación sobre
este aspecto, en dirección a la pregunta por el tipo de subjetividad que
producen estas prácticas. Explícitamente, el análisis realizado se ofrece como un
ejercicio reflexivo que deja abiertas interrogantes que intentaremos responder
en el futuro.[/p][/subsec][/xmlbody]
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[fngrp][fn id="fn3" fntype="other"][3] Investigación
realizada con el auspicio del Centro de Investigaciones Socio-Económicas de
Buenos Aires (CISBA), actualmente denominado Centro de Estudios Económicos y
Sociales, perteneciente al Banco de la Provincia de Buenos Aires. Proyecto:
Hacia una economía de los sectores populares: Desafíos conceptuales y
políticos. El trabajo de campo se realizó entre los años 2013 y 2014 en
distintos partidos de la provincia de Buenos Aires, Argentina.[/fn]
[fn
id="fn4" fntype="other"][4]
Tomando a la familia asalariada promedio como parámetro, durante los gobiernos
de Néstor y Cristina Kirchner el endeudamiento osciló entre un sueldo y medio
(2003 y 2004) y dos sueldos (2008, 2014 y 2015), con picos máximos de 2,2
sueldos (2007 y 2013).[/fn]
[fn
id="fn5" fntype="other"][5] A la
expansión de la oferta crediticia en manos de entidades financieras reguladas y
no reguladas por el BCRA a partir del año 2003 hay que agregar la batería de
políticas públicas impulsadas desde el Estado (reconversión de planes sociales
en contraprestaciones monetarias, AUH, etc.) que tendieron a incentivar el
consumo interno en un escenario de reconfiguración del mundo del trabajo;
escenario caracterizado por la consolidación de formas autogestivas y
cooperativas de anclaje territorial y producción a pequeña escala.[/fn]
[fn
id="fn6" fntype="other"][6] La
muestra de entidades financieras no reguladas construida en la investigación se
componía de 25 cooperativas de crédito, 55 asociaciones mutuales, 3
financieras, 11 entidades de microfinanzas y 18 tarjetas de crédito no
bancarias.[/fn]
[fn
id="fn7" fntype="other"][7] La reconfiguración del crédito hacia la banca personal
es un fenómeno que no solo se manifiesta en el sistema financiero argentino,
sino a nivel mundial, y que va acompañado de una gran rentabilidad en la medida
en que –en comparación con otras categorías–, se trata de préstamos de corto
plazo, menores montos y mayor interés; todo lo cual redunda en un menor riesgo
para los inversores y las entidades oferentes. Por otra parte, cabe destacar
que el crédito a las familias se canaliza a través de oferentes de diversa
categoría. Así, es posible distinguir entre (i) entidades enmarcadas en la Ley
de Entidades Financieras (bancos, cajas de crédito y otras compañías
financieras), (ii) compañías de crédito al consumo no enmarcadas en dicha ley
y, por lo tanto, no reguladas por el Banco Central ni por otro organismo de
control interviniente en el sistema financiero, (iii) cooperativas y
asociaciones mutuales, y (iv) tiendas comerciales minoristas. Un rasgo
distintivo del segmento de crédito al consumo es que varios de los principales
bancos argentinos de capital privado mantienen el control accionario de
compañías especializadas en consumo (empresas emisoras de tarjetas de crédito,
compañías financieras, compañías de microfinanzas, entre otros). ([xref ref-type="bibr" rid="r1"]Balzarotti y Anastasi, 2013[/xref]).[/fn]
[fn
id="fn8" fntype="other"][8] Los datos
producidos surgen del proyecto “Hacia una economía de los sectores populares:
Desafíos conceptuales y políticos”, llevado adelante por el equipo de trabajo
del Centro de Estudios Económicos y Sociales, perteneciente al Banco de la Provincia
de Buenos Aires.[/fn]
[fn
id="fn9" fntype="other"][9]
Giraldo ([xref ref-type="bibr" rid="r17"]2017[/xref])
coincide en remarcar que los trabajadores de la economía popular se encuentran
por fuera del contrato social que se expresa por medio de la fiscalidad; es
decir, de aquellas garantías y prestaciones sociales ofrecidas por el Estado a
cambio del pago de impuestos o tributos.[/fn]
[fn
id="fn10" fntype="other"][10] Sólo a
modo de ejemplo y sin ánimo de exhaustividad, podemos mencionar a Ossadón ([xref
ref-type="bibr" rid="r26"]2011[/xref]),
Ossandón et al. ([xref ref-type="bibr"
rid="r27"]2012[/xref]),
Barros ([xref ref-type="bibr" rid="r2"]2009[/xref]), para
el caso chileno; Kumar ([xref ref-type="bibr"
rid="r20"]2004[/xref]) y
Müller ([xref ref-type="bibr" rid="r24"]2009[/xref]), para
el caso brasileño; Villarreal ([xref ref-type="bibr"
rid="r32"]2004[/xref]), para
el caso mexicano; Wilkis ([xref ref-type="bibr"
rid="r35"]2014[/xref]),
D´Onnofrio ([xref ref-type="bibr" rid="r9"]2008[/xref]) y
Figueiro ([xref ref-type="bibr" rid="r11"]2010[/xref]), para
el argentino; entre tantos otros.[/fn]
[fn
id="fn11" fntype="other"][11] Bella
Vista, Berisso, Florencio Varela, General Rodríguez, La Plata, Lanús, Lomas de
Zamora, Malvinas Argentinas, Máximo Paz, Moreno, Quilmes y Tigre son algunos de
los lugares que han sido visitados.[/fn]
[fn
id="fn12" fntype="other"][12]Aunque
se trabajó con una población que es cooperativista y tiene un ingreso
homogéneo, los trabajos adicionales comúnmente llamados “changas” y los programas sociales como la Asignación
Universal por Hijo (AUH) redundan ingresos totales diferentes.[/fn]
[fn
id="fn13" fntype="other"][13]El
programa Argentina Trabaja, desarrollado por el Estado Nacional en relación con
los gobiernos municipales, contaba, al momento de realizar la encuesta, con
aproximadamente 150.000 inscritos en la provincia de Buenos Aires. El programa
tiene como destinatarios a personas de hogares en situación de alta
vulnerabilidad social y que no cuentan con otro ingreso proveniente de algún
trabajo registrado, pensión u otro plan social.
La mayoría de los beneficiarios (58,7%) estaba en un rango de edad que
iba desde los 25 a los 49 años, mientras que el 25,5% tenía entre 18 y 24 años.
Solo el 19% de los titulares había completado la educación formal. [/fn]
[fn
id="fn14" fntype="other"][14] A
inicios de 2014 se hizo sentir la falta de actualización de los montos
percibidos por los cooperativistas en relación con la inflación.[/fn]
[fn id="fn15"
fntype="other"][15]
Figueiro señala que “La precariedad laboral y la informalidad es “castigada”
mediante recargos, tasas de interés muy superiores a la de los bancos o, en los
casos extremos, directamente la exclusión en el acceso a ciertos bienes”. ([xref
ref-type="bibr" rid="r11"]2010[/xref], p.422).[/fn]
[fn
id="fn16" fntype="other"][16] El
Salario Mínimo Vital y Móvil es el piso salarial que convienen en establecer
dentro del Consejo Nacional de Empleo, la Productividad y el Salario (conocido
popularmente como “Consejo del Salario”), el gobierno nacional, los sindicatos
y las cámaras empresariales. Su fijación está establecida en el texto
constitucional, en el artículo 14 bis. [/fn]
[fn
id="fn17" fntype="other"][17]Barros
(2009) ha ofrecido
datos certeros sobre la expansión del acceso a tarjetas de crédito en Chile.
Para el caso Argentino aún falta un estudio similar.[/fn]
[fn
id="fn18" fntype="other"][18]Véase
para el caso de Chile, Montero y Tarziján (2010),
Barros (2009) y
Ossandón et al. (2012). Para
el caso brasilero puede consultarse Kumar (2004).[/fn]
[fn
id="fn19" fntype="other"][19]Tomando
como base los 282 consumos analizados, es posible afirmar que el 63 por ciento
ha sido realizado a crédito, mientras el 33.3 por ciento, al contado. Los
electrodomésticos, ropa, celulares y muebles son los bienes mayormente
adquiridos en cuotas, pero también –aunque en mucha menor medida–, al contado.[/fn][/fngrp]